martes, 5 de marzo de 2013

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 Villegas, de Gonzalo Tobal

Txt Casandra Scaroni


Villegas es  la primera película de Gonzalo Tobal, quién ya había demostrado su habilidad para filmar diálogos y situaciones tan intimas como incomodas en sus tres cortos: Álbum familiar (2005), Ahora todos parecen contentos (2007) y Cynthia todavía tiene las llaves (2010). Luego de haberse presentado en el Bafici del 2012, y de participar en la selección oficial de Cannes y el Filmfest Munich de Alemania, su opera prima se estrenó finalmente la semana pasada en los cines de Buenos Aires. 

Con las dos caras más reconocibles de lo que se ha dado a llamar el post nuevo cine argentino, Esteban Lamothe y Esteban Bigliardi, Villegas cuenta una historia que a simple vista puede parecer menor: dos primos, de treinta y pico, tienen que volver al pueblo (Villegas) para ir al entierro de su  abuelo.  Si Esteban (Lamothe) es estructurado y asume su rol de hombre adulto a punto de casarse, Pipa (Bigliardi) es su opuesto: fuma porro, no se levanta  a tiempo para empezar el viaje y toca en una banda. Pero Tobal no busca apoyarse en estereotipos para  demostrar nada, sino que les da a sus personajes aire y espacio para que discutan, se incomoden, recuerden y coman a gusto. No hay aquí verdades absolutas a descubrir, tampoco hay demasiadas certezas, el viaje en auto puede hacerse de un tirón, o pueden parar en el restaurante al que los llevaba el abuelo en sus viajes a Buenos Aires. Pueden mantener la distancia incómoda que se autoimpone Esteban, o pueden agarrarse a trompadas como dos chiquilines. 

Una vez en el pueblo, la película de Tobal le da una importancia a la familia que pocas veces se ve en el cine. Un poco como en El lado luminoso de la vida (la película de David Russell que estuvo nominada al Oscar), con esa vuelta a casa de Bradley Cooper luego de su salida de un hospital psiquiátrico, aquí también  la familia es el soporte para exorcizar viejos fantasmas. En la película de Russell es el padre (Robert De Niro con una frescura que hace tiempo no se le ve) quién  lo empuja al hijo a apostar por lo nuevo. En Villegas, en cambio, no se trata de dejar ir, sino de animarse a volver a empezar: “Si las cosas no están saliendo como vos querés en Buenos Aires, sabés que acá podés probar” le dice el padre a Pipa. Y en  ese poder volver, en  esa visita a la casa del abuelo, en los discos viejos y hasta en los viejos noviazgos, no es la nostalgia la voz cantante sino la posibilidad de un presente distinto.

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