martes, 9 de abril de 2013

Una película luminosa


No, de Pablo Larraín, inaugurará el Bafici


Txt Casandra Scaroni

La cuarta película del chileno Pablo Larraín, que estuvo nominada al Oscar como mejor  película extranjera y fue presentada en Cannes, va a inaugurar la edición número 15 del Bafici que comienza el próximo miércoles 10.

Es muy probable que el éxito recolectado en países como Estados Unidos o Francia no signifique mucho para algunos, o que su previa nominación al Oscar (perdió contra Amour de Michael Haneke) incluso le saque las ganas de verla a más de uno. También es posible que la cara siempre linda de nene travieso de Gael García Bernal en el afiche genere prejuicios, pero No es mucho más que la suma de su hypeo: es ante todo una película luminosa.

Larraín, que ya había ahondado en el pasado de su país en sus películas anteriores Tony Manero y Santiago 73, post mortem,  recurre ahora a una estética de televisión de fines de los 80 para contar lo que fueron los días previos al plebiscito que debía decidir si Pinochet seguía en el poder por los próximos 8 años (hasta 1997) o si se llamaba a elecciones. En realidad, lo que Larraín cuenta con una estructura clásica y un héroe al que el deber de usar para el bien lo que mejor sabe hacer se le impone, es el backstage y la disputa de las campañas del Sí y del No.

Gael es René Saavedra, un publicista que trabaja para una agencia importante (su jefe va a ser uno de los encargados de la campaña del Sí) y que tiene cierto éxito personal.  Se sabe que es bueno en lo que hace porque su jefe lo escucha y le encargan publicidades de gaseosas, y es por eso justamente que lo contactan viejos amigos de militancia de su padre para que los ayude en la campaña que tiene como objetivo terminar con el régimen.  Con imágenes de archivo que se mezclan con la ficción Larraín muestra la transformación paulatina de su héroe que, alejado de un altruismo vacío,  se mueve por la razón tan simple como noble de proteger a su hijo.

La campaña quijotesca del No tiene como objetivo mostrarle al pueblo chileno lo que es la alegría, y lo hace con todos los recursos que tiene a mano: mimos, picnics, famosos cantando juntos, humor, pero por sobre todo lo hace creando una ficción. Y si bien puede verse como algo reprochable el tomar con humor esos años de dolor (en la película el director se hace cargo de eso en boca de algunos personajes), tanto René como Larraín parecen saber que el mejor remedio contra el miedo y el provincialismo es la comedia,  la ficción, o mejor dicho, el cine.

 Para ver la programación completa del Bafici, hacer click acá.

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